Los probióticos se han vuelto uno de los suplementos más populares para la mejora de la microbiota, mejorar la digestión y fortalecer las defensas, pero que sean populares no significa que todas las personas necesitan tomarlos.
Actualmente la evidencia nos dice que la mayoría de los adultos sanos no necesitan consumir probióticos de manera rutinaria. Esto no quiere decir que no tengan beneficios, porque claro que los tienen, pero sus efectos son más claros cuando se utilizan para determinadas condiciones y con cepas específicas.
¿Qué son los probióticos?
Los probióticos son microorganismos vivos que cuando se consumen en cantidades adecuadas pueden proporcionar un beneficio para la salud, sin embargo es importante entender que no todos los probióticos son iguales.
Las diferentes cepas pueden tener efectos distintos y la evidencia de una no necesariamente se puede aplicar en otra, por eso, decir que los probióticos son buenos para la microbiota es una afirmación muy general.
¿Cuándo pueden ser útiles?
Se han encontrado beneficios en algunas condiciones específicas, por ejemplo, determinadas cepas pueden ayudar a reducir el riesgo de diarrea asociada al uso de antibióticos; también existe evidencia de que algunos probióticos pueden ayudar a disminuir síntomas como dolor abdominal y distensión en algunas personas con síndrome de intestino irritable. En niños, algunos probióticos también han mostrado beneficios en la prevención de determinadas infecciones respiratorias.
Con esto podemos entender, que el beneficio de un probiótico depende de para que se utilizar y que cepa contiene.
No es lo mismo utilizar un probiótico con una indicación específica que tomar cualquier producto disponible en el mercado esperando que mejore la salud general.
¿Y qué pasa si eres una persona sana?
En adultos sanos, algunos estudios han encontrado cambios en la microbiota después de consumir probióticos, pero estos cambios son transitorios, es decir, la mayoría de las cepas no se establecen permanentemente en el intestino, sino que pasan por él durante el periodo de consumo,
Esto tendría sentido si pensamos en nuestra microbiota como un gran sistema, en donde el intestino ya contiene un gran cantidad de microorganismos que ocupan diferentes espacios y funciones, por lo que los microorganismos que consumimos no necesariamente pueden establecerse y reemplazar los que ya están ahí.
Los probióticos pueden interactuar con este ecosistema y producir determinados efectos durante su paso en el intestino, pero eso no significa que necesariamente estén reconstruyendo nuestra microbiota.
Entonces, ¿son seguros?
En personas sanas, generalmente se consideran seguros, sin embargo en personas con sistemas inmunitarios comprometidos, por ejemplo quienes han recibido ciertos tratamientos médicos, tienen trasplantes o presentan determinadas enfermedades, pueden tener un mayor riesgo de complicaciones relacionadas con microorganismos probióticos.
Además, la calidad de los suplementos puede variar entre productos y fabricantes, por lo que no todos ofrecen necesariamente las mismas características o garantías
¿Debería tomar probióticos?
En conclusión, si eres una persona sana y estás pensando en tomar un probiótico únicamente porque “es bueno para la microbiota” la evidencia actual nos dice que no es necesario hacerlo de manera rutinaria.
En cambio, si existe una condición específica para la que determinadas cepas han demostrado beneficios, su utilización puede tener sentido y debe valorarse de manera individual.
Como recordatorio y mensaje final: no necesitas consumir un suplemento para cuidar tu microbiota todos los días.
Una alimentación variada y rica en alimentos que aporten fibra sigue siendo una parte fundamental de una alimentación saludable. Los probióticos pueden tener un lugar en determinados contextos, pero no son una solución universal ni un requisito para tener una microbiota saludable.

